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miércoles, 10 de junio de 2015

OM! MEDITACIÓN AL SOL - Omraam Aivanhov


MEDITACIÓN AL SOL - Omraam Aivanhov

Durante la salida del sol, si te das cuenta de que estás recibiendo el amor de Dios y la vida de Dios, la luz del sol te sanará.
Estar presente en la salida del sol implica establecer un vínculo consciente con él, hacer, hacer posible la entrada de sus fuerzas en tu organismo. Cuando te unes de esta manera con el sol físico, contactas también con otros dos soles: el sol del mundo espiritual y el sol del mundo divino.

INVOCACIÓN A LA SALIDA DEL SOL

Así como este Sol se levanta sobre el mundo,
que el Sol de la Verdad, de la Libertad, de la Inmortalidad, de la Eternidad,
se levante en mi Espíritu.

Así como este Sol se levanta sobre el mundo,
que el Sol del Amor y de la Inmensidad
se levante en mi Alma.

Así como este Sol se levanta sobre el mundo,
que el Sol de la Inteligencia, de la Luz y de la Sabiduría,
se levante en mi intelecto.

Así como este Sol se levanta sobre el mundo,
que el Sol de la Dulzura, de la Bondad,
de la Alegría, de la Felicidad y de la Pureza,
se levante en mi corazón.

Así como este Sol luminoso, radiante, se levanta sobre el mundo,
que el Sol de la Fuerza, del Poder, de la Energía,
del Dinamismo y de la Actividad,
se levante en mi voluntad.

Y así como este Sol, luminoso, radiante, vivo, se levanta sobre el mundo,
que el Sol de la Salud, de la Vitalidad y del Vigor,
se levante en todo mi cuerpo.

¡Amén, así sea,!
Para el Reino de Dios y Su Justicia.
¡Amén, así sea!
Para la Gloria de Dios. 

viernes, 6 de febrero de 2015

OM! AMOR Y SEXUALIDAD - PARTE I por Omraam Aivanhov

AMOR Y SEXUALIDAD - PARTE I
por Omraam Aivanhov

Pregunta: «Maestro, ¿querría usted decimos la diferencia que existe entre el amor y la sexualidad, y cómo podemos utilizar la sexualidad en la vida espiritual?»
He aquí una pregunta muy interesante, que atañe a lo más importante que hay en la vida, y que concierne a todo el mundo. Sí, tanto a los jóvenes como a los viejos...
En principio, parece difícil separar la sexualidad del amor. Todo viene de Dios, y todo lo que se manifiesta a través del hombre como energía es, en su origen, una energía divina; pero esta energía produce efectos diferentes según el conductor a través del cual se manifiesta.

Podemos compararla con la electricidad. La electricidad es una energía de la que ignoramos su naturaleza, pero cuando pasa a través de una lámpara se convierte en luz; al pasar por un radiador, se manifiesta como calor; al pasar por un imán se convierte en magnetismo; al pasar por un ventilador se transforma en movimiento.
De la misma manera, existe una fuerza cósmica original que adopta uno u otro aspecto según el órgano del hombre a través del cual se manifiesta. A través del cerebro, se convierte en inteligencia, raciocinio; a través del plexo solar o del centro Hara, se convierte en sensación y sentimiento; cuando pasa por el sistema muscular, se manifiesta como movimiento; y cuando pasa por los órganos genitales, se traduce en atracción por el otro sexo. Pero siempre es la misma energía.

La energía sexual viene, pues, de muy alto, pero al pasar por los órganos sexuales, produce sensaciones, una excitación, un deseo de acercamiento, y cabe perfectamente que en esas manifestaciones no haya absolutamente ningún amor. Es lo que ocurre en los animales. En ciertos períodos del año, se acoplan, pero ¿lo hacen por amor? A veces se destrozan, y en cierta clase de insectos, como la mantis religiosa, o en ciertas arañas, la hembra se come al macho. ¿Es eso amor? No, es pura sexualidad.

El amor comienza cuando esta energía pulsa al mismo tiempo otros centros en el hombre: el corazón, el cerebro, el alma y el espíritu.
Llegado a ese punto, esta atracción, este deseo que tenemos de unirnos a  alguien, se clarifica, se ilumina mediante pensamientos y sentimientos, mediante un gusto estético; ya no buscamos una satisfacción puramente egoísta en la que no contamos en absoluto con la pareja.

El amor es sexualidad, si así lo queréis, pero expandida, iluminada,  transformada. El amor posee tal cantidad de grados y manifestaciones, que resulta imposible enumerado y clasificarlas. Puede ocurrir, por ejemplo, que un hombre ame a una joven y bella mujer, pero sin ser apenas atraído físicamente por ella: él quiere, por encima de todo, verla feliz, con buena salud, instruida, rica, bien situada en la sociedad, etc.... ¿Cómo explicar eso? Eso no es únicamente sexualidad, sino amor; y es, por lo tanto, un grado superior. Pero debe haber, a pesar de todo, un poco de sexualidad en este amor, porque podemos hacemos la siguiente pregunta: ¿Por qué este hombre no se ha unido a otra persona, a una mujer vieja y fea, o "a otro hombre? Sí, si analizamos, descubriremos indicios de sexualidad.

La sexualidad... el amor... no son, porto, más que una cuestión de grados. Es amor en el momento en que no os quedáis solamente con algunas groseras sensaciones físicas, sino' que sentís los grados superiores de esta fuerza cósmica que os invade, y comunicáis con las regiones celestes. Pero, c1!iánta gente, una vez saciado su deseo, se separa o incluso empieza a pelearse. Lo único importante para ellos es descargar, liberar una tensión, y si al cabo de algún tiempo esta energía se acumula de nuevo en ellos, vuelven sonrientes y tiernos, pero el único fin es el de satisfacer de nuevo su animalidad. ¿Qué amor hay ahí?

Es normal que tengamos necesidades  y deseos, sobre todo cuando  somos jóvenes. La naturaleza, que lo ha previsto todo, ha creído que eso era necesario para la propagación de la especie. Si el hombre y la mujer se quedasen fríos el uno ante el otro, si estuviesen libres de sus impulsos e instintos, se habría terminado la humanidad. Es, por lo tanto, la naturaleza la que empuja a las criaturas a unirse físicamente, pero el amor es otra cosa.

Podríamos decir que la sexualidad es una tendencia puramente egocéntrica que empuja al ser humano a no buscar nada más que su placer, y ello puede llevarle a la mayor crueldad, porque él no piensa en el otro, sólo busca satisfacerse.
Mientras que el amor, el verdadero amor, piensa en primer lugar en la felicidad del otro, está basado en el sacrificio; sacrificio de tiempo, de energía, de dinero para ayudar al otro, para permitirle expansionarse y desarrollar todas sus posibilidades;
Y la espiritualidad comienza, precisamente, cuando el amor domina a la sexualidad, cuando el ser humano se vuelve capaz de arrancar algo de sí mismo para el bien del otro. Mientras no se es capaz de privarse de algo, no hay amor.
Cuando un hombre se arroja sobre una joven, ¿piensa en el daño que puede hacerle? No, él es capaz de matarla para satisfacer sus instintos. Eso es la sexualidad, un instinto puramente bestial. Diréis: «Es evidente, no hay nada de divino ahí» Sí, pero la sexualidad es de origen divino, sin embargo, mientras el ser humano no sepa dominarse, sus manifestaciones, evidentemente, no son divinas.

Lo que hay de positivo en la sexualidad es que trabaja en la propagación de la especie, pero si sólo la orientamos hacia el placer, la desperdiciamos. Actualmente se han inventado cosas increíbles en ese campo. Está la píldora, naturalmente, pero también se venden una gran cantidad de productos y de objetos que ni siquiera quiero nombrar. No se trata aquí de la propagación de la especie, sino exclusivamente del placer. No me detendré en esta cuestión para discutir si esas cosas deben existir o no.
En el actual estado de la humanidad, incluso los moralistas y los religiosos encuentran necesario e inevitable que existan, porque la naturaleza inferior, la naturaleza animal en el hombre, es todavía tan fuerte, que si no la dejáramos manifestarse, produciría fenómenos todavía más perjudiciales. Por lo tanto, no quiero discutir sobre ello, digo únicamente que es una pena que no se instruya a los humanos sobre las ventajas de controlar esta energía, y de utilizarla para un fin divino o para realizar trabajos espirituales, en lugar de recurrir a todo tipo de productos y de utensilios para encenagarse en el placer.

En sus manifestaciones externas no ha  ningún tipo de diferencia entre el amor y la sexualidad; son los mismos gestos, los mismos abrazos, los mismos besos... La diferencia está en la dirección que toman las energías. Cuando únicamente os impulsa la sensualidad, no os preocupáis de la otra persona, mientras que si la amáis, pensáis, sobre todo, en hacerla feliz.
La sexualidad y el amor no se diferencian mucho en el plano físico, solamente se diferencian en el plano invisible, psíquico, espiritual. Y, ¿cómo? Eso es precisamente lo que quiero revelaros.  Aquellos que han estudiado la cuestión de la sexualidad, los fisiólogos, los psiquíatras, los psicólogos, no han descubierto lo que pasa en el mundo sutil, etérico, durante el acto sexual. Ellos saben que se producen excitaciones, tensiones, emisiones, e incluso las han clasificado.
Pero no saben que cuando se trata de la sexualidad puramente física, biológica, egoísta, se producen en los planos sutiles todo tipo de erupciones volcánicas que se manifiestan bajo formas groseras, emanaciones muy densas con colores deslucidos, inarmónicos, donde predomina el rojo, pero un rojo sucio... Y todas esas emanaciones se precipitan en la Tierra donde criaturas tenebrosas esperan para comer y darse un festín con esas energías vitales. Son criaturas poco evolucionadas que, a menudo, se alimentan juntos a los enamorados. Os sorprendéis, pero es la verdad; los enamorados dan festines en el mundo invisible.

En el pasado, generalmente, con ocasión de un nacimiento, de una boda o una victoria, los reyes y príncipes daban festines públicos que duraban varios días. Entonces, todos los mendigos, los vagabundos, los desheredados, iban a satisfacerse, porque distribuían comida a todo el mundo. Como podéis ver, se repite el mismo fenómeno, pero bajo una forma que la ciencia todavía no ha descubierto.
Cuando un hombre y una mujer se atraen, se aman y se unen, también dan un festín, y éste se ofrece públicamente ante muchas otras criaturas. Aunque su unión quede en secreto, reciben visitas del mundo invisible, y desgraciadamente se trata de larvas elementales que vienen a deleitarse a sus expensas y a absorberlo todo, porque en esas efusiones había muy pocos elementos para el alma, para el espíritu, para el lado divino. Por esa razón, los intercambios que hacen los enamorados raramente les aportan grandes beneficios; al contrario, incluso se empobrecen: en su mirada, en el color de su cara, en sus movimientos y en toda su manera de ser, aparece algo que no es tan vivo y luminoso. Es porque su amor, todavía demasiado inferior, ha atraído criaturas tenebrosas.
¿Por qué no invitaron a los espíritus de la naturaleza o incluso a los ángeles y a todos los espíritus luminosos que también tienen necesidad de alimentarse?..
Cuando un mago quiere hacer una ceremonia, comienza por trazar un círculo alrededor de sí mismo para protegerse, y los espíritus malignos están ahí, dando vueltas a su alrededor, amenazándole e intentando dañarle, pero no pueden entrar, porque en ese círculo el mago está protegido como en una fortaleza. Pero nunca hemos enseñado a los hombres ni a las mujeres a protegerse de las entidades tenebrosas; ello me llevó un día a decir algo muy osado: que la raíz de todas las desgracias de la humanidad es el amor inferior de los hombres y las mujeres.
Sí, si se producen guerras y epidemias es a causa de aquellos que hacen el amor como animales, de forma estúpida, desagradable, infernal. Porque de esa manera vitalizan a todos los espíritus deseosos de hacer mal a la humanidad, les alimentan, les dan fuerza. Si los hombres y mujeres supieran esto, estarían tan tristes y se sentirían tan desgraciados y asqueados por lo que hacen, que intentarían aprender cómo amar.

La espiritualización del amor es la condición básica para la venida del Reino de Dios. Por lo tanto, aquellos que ven claro, aquellos que tienen un alto ideal del amor, que sepan que pueden servir al Reino de Dios con esta fuerza que es la energía sexual; así pues, que se amen, que se besen, pero con la idea de consagrar este amor a la realización de algo divino. En ese momento producirán emanaciones de tal belleza, que los mismos ángeles quedarán sorprendidos, maravillados, y vendrán a aportarles regalos.

Por lo tanto, lo repito, sea cual fuere la naturaleza de vuestro amor, los gestos son siempre los mismos: debéis acercaras al ser que amáis, abrazarle, besarle, acariciarle; no cambia nada. La diferencia está en la intención de los gestos, eso es lo que cuenta. Alguien dirá: « ¡Ah! Yo he visto a tal besar a cual», y les condena. El Cielo no mira eso, sino que mira lo que han puesto en su beso: si ellos se han dado algo bueno, puro, el Cielo les recompensa. En la tierra posiblemente se les condena por ignorancia, pero en lo alto se les recompensa.

Si introducís en vuestro amor la vida eterna, la inmortalidad, la pureza, la luz, y aquél a quien amáis crece, avanza y se expande gracias a vosotros, entonces es verdaderamente amor, porque el verdadero amor lo mejora todo. Pero si amáis a alguien y él va menguando, debéis cuestionaros sobre la bondad de vuestros sentimientos y deciros: «He aquí que estoy empujando a este ser al abismo. Antes era magnífico y ahora es una ruina». No tenéis, por lo tanto, motivo para estar muy orgullosos, y debéis buscar la manera de reparar vuestros errores.

Vuestro amor debe hacer crecer a los demás. Y únicamente cuando les veáis expandirse gracias a vuestro amor, podéis ser felices, sentiros orgullosos y dar gracias al Cielo por haber conseguido ayudarles y protegerles. Pero, en general, la gente no se ocupa de esas cosas, y enseguida vienen a decirme: «La amo, la amo... - Sí, respondo, ya sé que la amáis, pero como a una gallina que metéis en la cazuela para comerla: la amáis, la devoráis, y punto». No, el amor no debe nunca devorar ni arruinar a los seres ... Ved que el amor, tal como yo lo entiendo, es muy diferente de cómo la gente o la juventud, que no Ten muy claro, pueden imaginar.

Los humanos no saben amar, y para justificarse me dirán: «Maestro, usted no conoce la naturaleza humana, es terrible». Ah, bueno, así que yo no conozco la naturaleza humana... Pero yo les responderé que de la misma manera que han convertido la naturaleza humana en algo difícil de dominar, también pueden volverla sensata y ennoblecerla. En el pasado no se esforzaron, como consecuencia, ahora han recibido una naturaleza muy difícil. Así es como se explica; es culpa suya, imposible justificarse. Muchos deciden no esforzarse más porque creen que no es posible cambiar. Sí, es posible. Y de ahora en adelante, cuando os encontréis ante grandes obstáculos, debéis decir: «El Maestro nos ha hablado de este amor y quiero llegar a conocerlo».
¿Por qué objetar que la realidad es diferente de como os la presento? Eso es: la realidad, ¡como si esa palabra pudiese excusarlo todo! Pero hay realidades y realidades. Yo no niego que la sexualidad sea una realidad, pero, ¿por qué quedarse en esta realidad tan inferior y grosera? Existe otro grado de realidad también, sólo que más sutil. Ciertos seres han llegado a entender y a vivir esta realidad, y ahora, por nada del mundo podréis convencerles para que la abandonen y vuelvan hacia atrás, porque no quieren. Pero, desgraciadamente, tampoco podéis convencer a los demás para que intenten elevar el grado de su amor; ellos descuidan todas esas grandes verdades que pueden salvarles, continúan descendiendo hacia la animalidad, y luego, evidentemente, se encuentran destrozados. Es normal, su amor sólo podía ser maravilloso durante algunos minutos; después todo es ceniza, escoria. Decimos: « ¡Era tan bello!» Sí, lo era... pero ya no lo es, no ha durado; el oro se convirtió en plomo. Mientras que el amor celeste sigue siendo eternamente oro, nada puede oxidarlo.

El hombre tiene una herencia y debe luchar contra ella; desde hace miles de años, el género humano se ha ido formando un determinado concepto de amor que ha quedado grabado en nuestras células y es difícil borrarlo. Pero, a pesar de que no consigáis transformar vuestra concepción del amor de un día para otro, no debéis dejar de creer lo que dicen los grandes Maestros. El que no consigáis cambiar, significa simplemente que estáis deformados o que sois débiles, pero no que los Iniciados os engañen.

Cuantas más tendencias inferiores tengáis, más obligados estaréis a satisfacerlas. Pero eso no debe impediros creer que es posible mejorar. Y el día en que consigáis desarrollar otras tendencias sublimes y divinas, nadaréis en el océano del Amor Cósmico, mientras que antes os alimentabais de algunas gotas esparcidas por aquí y por allá. (Y todavía para encontrarlas, ¡qué vida de decepciones y desgracias!) Ahora que estáis sumergidos en este océano cósmico, bebed de él y no tendréis necesidad de ir a robar algunas gotas de amor a los demás. Yo sé que lo que digo será incomprensible para algunos. Pero que hagan lo que puedan, con la esperanza de que después de algunas encarnaciones llegarán a transformar su amor. ¡No hay que violentarse! A aquellos que ya trabajaron en otras encarnaciones, les es más fácil contentarse con poca cosa en el plano físico, e incluso liberarse inmediatamente y gozar del amor en lo alto, en el plano espiritual.

Evidentemente, son pocos los seres capaces. ¡Cuántos religiosos hicieron votos de castidad sin saber exactamente lo que hacían! Eran muy jóvenes, no se conocían, ni conocían la naturaleza humana, y un día, cuando los instintos y las pasiones despertaron, se ahogaron. ¡Qué tragedia! Sí, ¡qué tragedias en los conventos, tanto para los hombres como para las mujeres! Es mejor casarse y tener hijos que atormentarse en un convento diciendo ser la novia de Jesús, pero cometiendo adulterio en la imaginación con todos los demás. En ese caso, es mejor salirse de los conventos. El Señor es mucho más generoso. Nunca pidió que nos consagremos a Él si para ello debemos vivir atormentados. Él prefiere que hagamos el bien teniendo una mujer - o un marido - e hijos, antes que vivir una vida caótica, desordenada, ensuciando la atmósfera con todos nuestros deseos insatisfechos.


Incluso los santos y santas han sido atormentados toda su vida por la energía sexual, y apenas al final han encontrado la paz. Santa Teresa de Ávila era muy apasionada. Santa Teresa de Jesús nunca sabremos cómo vivió, ni qué tentaciones tuvo que vencer. Ella no era como nos la han presentado: una jovencita graciosa, con cara dulce y delicada. No; su naturaleza era fuerte y poderosa. Yo admiro y amo mucho a Santa Teresa, pero no estoy de acuerdo con la manera inexacta como nos la han presentado.

EXTRACTO DE LIBRO : LA ENERGIA SEXUAL - O EL DRAGON ALADO

Paz, Luz y Amor

viernes, 30 de enero de 2015

om! Love and sexuality Omraam Mikhael Aivanhov

Love and sexuality
Omraam Mikhael Aivanhov

"Love is impossible to define or explain, it is all things at once... a power, a principle, an emotion, a feeling, a powerful force, inspiration, understanding, everything comes under the heading of love. But for love to be effective you must understand what it is, you must think of it as an instrument, a magic power you can always make use of. For instance when nothing is going right, when you are sad or discouraged and disillusioned, when you think everything is lost and the world is against you then the only thing that will help you is love. Whatever happens to you the solution is to go on loving, loving all creation, all humanity. The greatest philosophy, the greatest wisdom and light, are hidden in the words: never stop loving."
Relationships, love and sexuality are issues which humanity continues to struggle to fully understand. Without a new spiritual understanding of love and sexuality we will continue to suffer, relationships will fail and the true happiness love can bring will continue to be an unreachable dream.
The teaching shows that men and women are reflections of the divine principles which like the union of spirit and matter create a very powerful union which raises their love to new heights and is a source of inspiration for all.
"The next time you take someone in your arms, try to project them all the way to heaven and link them to the higher. A man should address himself to the Divine Mother through his beloved and she should address herself to the Heavenly Father through him, instead of limiting their exchanges to the lower regions, both of them will be linking themselves to the Source. In this way both of you take the riches God has given you, life, and the emanations and warmth of mutual love, and instead of using them for your own pleasure, you drink together the purest form of love from the highest source.”
Sexual energy is a great gift, the source of our life force and supports the continuation of humanity.
It can be likened to combustible fuel which if used wisely and directed towards a spiritual ideal propels us to a higher form of love which brings lasting joy, inspiration and fulfilling relationships.
“The sexual force is a gift from God, it is we who must learn how to use it. Countries which have great deposits of coal or oil under their soil have become immensely rich because they make use of their resources. Those who do not know how to use them, burn them. In the same way, the sexual force is an energy which we must learn to use so that we can turn on the lights, light the fires and set all the engines within us in motion.”
Whether one chooses to be single or in a relationship, sublimation of the sexual force is a work which reaps immeasurable rewards. Repression or promiscuity both have undesirable consequences but there is a third solution. With a commitment to a high spiritual ideal and by linking ourselves to our soul and spirit we can transform our sexual energy to develop our fullest potential as human beings and to bring heaven down to earth.
“To master the sexual force you must have a high ideal, a tremendous love for perfection, purity and beauty. This is not easy and needs an entire science if you are to succeed. Without a high ideal, without an aspiration to live the divine life, it is not worth struggling against the sexual force because you will not succeed in sublimating it. You will only repress and this is not a solution to the problem of sexuality. Only a tremendous love for a high ideal will allow you to sublimate your energies.”
Satisfaction of the sexual instinct is one of the greatest sources of pleasure a human being experiences – but it comes at a price and is transitory. By changing our attitude towards intimate relations, and considering them a spiritual work, then pleasures of a more lasting and divine nature can be experienced.
“The secret of control, the secret of sublimation, is to seek work not pleasure. You say “But suppose I hold my love in my arms… what’s the point if I’m not looking for pleasure?.
There can be joy, there can be inspiration, there can be wonder and ecstasy, if you have a heightened consciousness …. is that not more than pleasure? When a man and woman are together sharing a divine emotion, without being carried away, then their communion, this tenderness between them, is something so expressive, so beautiful. It is a form of pleasure of course, but superior pleasure, something divine which makes them immortal.”
“The Kingdom of God will only come on earth when human love is made more spiritual. May those who are enlightened and who have a high ideal in love, know they can work for the Kingdom of God with their sexual energy. May they love each other, embrace each other, but always with the idea that this love is dedicated to the realization of something divine. If they do this, they will produce such beautiful emanations that the angels themselves will be amazed and in their delighted wonder, will bring all sorts of gifts to lovers.
The quotes above are taken from:

 Source: http://www.dovesnest.org/loveandsexuality.html

OM! Surya Yoga - Meditation on the sun Omraam / Mikhael Aivanhov,


Surya Yoga - Meditation on the sun 
Omraam Mikhael Aivanhov

As you leave your house to watch the sunrise each morning, tell yourself you’re about to meet a living being, that all of nature around you is alive. The entire universe is inhabited by an infinite number of creatures, invisible and yet real. So greet them all, tell these entities that live in the four elements of earth, water, air and fire that you love them, you appreciate their work, you’re grateful for the limpid purity of the morning, for all the life awakening around you at that moment. 


As you set off to meet the dawn, be conscious, in your head and heart that you are about to watch, and even participate in, a universal event of great significance. What is more beautiful, more essential than the birth of a new day? You will say perhaps that your presence will change nothing: day will break whether you are there or not. Of course, that’s true, but it is important for you, yourself. For there is a correspondance between what takes place in nature and what takes place within your own being. When you know how to watch the sunrise, you will realise how important it is to work with the forces of day, in order for these forces to dawn within your own consciousness’ 

In the philosophy of Omraam Mikhael Aivanhov, the sun is restored to central place. He provides a modern, Western interpretation of a spiritual discipline that has been practised in the Hindu tradition since the time of the Vedas: contemplation of the rising sun. 

Although most of us seek the sun, at least unconsciously, as we book our holidays, and moan about grey, cloudy days, we are generally unaware of how vitally important the sun is to our lives, to our psychic as well as physical health, our relationships with others and even our spiritual evolution. 

Apart from being essential to our physical health, the sun we see radiating in the sky is also our doorway to the spiritual sun, the spirit of Christ in which the spirit of all creatures dwells. This inner sun is also known in the Cabbalistic tradition as the Sephiroth Tiphereth, the region of radiant beauty and splendour, of divine love, wisdom and truth. 

The sun, centre of our inner life 

In the twenty first century we know the sun is the centre of our solar system and the planets, including the earth, revolve around it, and yet many of us behave as though we still believed the earth were the centre of the universe and we human beings, the summit of creation. This egocentric (or as master Omraam says, geocentric) point of view is the cause of many problems facing humankind: by centring our lives on the dictates of our own will or selfish, instinctive desires, we prevent our inner sun, in other words, our spirit, or higher Self, from governing our life in accordance with universal harmony: 

‘The sun is the centre of the solar system and the planets move harmoniously in orbit around it; it is this harmonious movement of the planets round the sun that must be duplicated in our own cells. But before this can happen we have to discover our own centre: the sun, God, the spirit within us. When we achieve this, every particle of our being moves in rhythm with universal Life and the sensations and states of consciousness that this produces is unutterably glorious’. 

Uniting the human and divine Self 

So disciples of the Universal White Brotherhood practice ‘Surya Yoga’ as often as they can during the spring and summer months, by rising early to watch the sunrise. As they contemplate the sun in an attitude of reverence and gratitude they are able to restore the connections between their human personality and their divine Self: 

‘At sunrise, in the morning, all our work with the sun, our meditations and prayers, are aimed at restoring communications, at building bridges between our lower self down here and our higher self in the sun. When the bridge is built and communications restored, we shall once again be united with that higher self that dwells with God in constant happiness, bliss and boundless freedom. Yes, part of us already dwells with God in a state of indescribable bliss’. 

Health benefits of sunrise meditation 

Some people ask why it’s important to meditate outside, why can’t they simply meditate in the comfort of their own room? There are many good reasons and the most basic is that the ‘Prana’ present at sunrise is able to restore and maintain our physical health: 

‘Prana is a living force, the outpouring of vitality from the sun that we breathe in with the air and absorb into every cell of our body. Prana is like a pure stream, cascading down from the mountain heights, its water charged with every kind of nourishment for the beings swimming in it and also for the humans and animals living on its banks. Prana is a torrent flowing from the sun and, by respiration and meditation, we can obtain from it all the benefits we need’. 

Spiritual benefits 

But the benefits of practising meditation at sunrise are far from being merely physical. By focusing our attention on the sun’s first rays while breathing deeply, we are nourishing our subtle, psychic and spiritual bodies; we are able to ‘eat fire and drink light’. And in this way, we not only rejuvenate our physical bodies, we also become inwardly richer, freer and happier. Our relationships with others improve as we become more loving and generous: 

‘Learn to work with the light of the sun, for this light contains all riches. When you begin to take possession of these riches, you will feel your relationships with other human beings gradually improve. Why? Because when you feel rich, you become generous. But please understand me: I am speaking of true riches, that of the masters and initiates. They live in such abundance, such plenitude, how could they not wish to help others and love them? When you see someone who doesn’t love others, who shows no inner nobility or generosity it is because he or she is poor and miserable. And if you don’t want to fall into the same faults, work with the rays of the sun’. 

The sun, image of perfection 

The sun shines on all creatures equally, whether they be saints or criminals, all receive its light, warmth and vitality whether they are grateful for these blessings or not. In this sense, the sun can be said to be a physical representation of God, an expression of the trinity of love, wisdom and truth. It offers us a glorious image of perfection, inspiration for all those who strive towards a spiritual ideal. 


The following prayer can be said at sunrise. We should pronounce it with inner conviction, while focusing on the first rays as they appear above the horizon.

Meditation at Sunrise

The following prayer can be said at sunrise. We should pronounce it with inner conviction, while focusing on the first rays as they appear above the horizon.

The following formula
 is one of many we have been given to use at the sunrise:
  • As the sun rises over the world, so may the sun of truth, freedom, immortality and Eternity, rise in my spirit.
  • As the sun rises above the world, so may the sun of love and immensity rise in my soul.
  • As the sun rises above the world, so may the sun of intelligence, light and wisdom rise in my intellect.
  • As the sun rises above the world, so may the sun of gentleness, kindness, joy, happiness and purity rise in my heart.
  • As this luminous, radiant sun rises over the world, so may the sun of strength, power, force, dynamic energy and activity rise in my will.
  • And as this luminous, radiant, living sun rises over the world, so may the sun of health, vitality and vigor rise in my body.
  • Amen. So be it, for the kingdom of God and His righteousness
  • Amen. So be it, for the Glory of God!

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Meditating at dawn, in the living presence of the rising sun, is the method the Master urged all disciples to practice; it lies at the heart of his teaching.
He gave it the name ‘Surya Yoga' from the Sanskrit, 'Yoga of the Sun’ and it is practised at all brotherhood centres between the Spring and the Autumn equinoxes.
By concentrating all our thoughts and forces on the sun, the centre of our solar system, we gradually reinforce our connection with our spirit, the centre of our own being. In this way a bridge is formed between our higher and lower natures allowing paths of communication to be established.
The rays of the sun and the ‘prana’ that is present in the air at sunrise are able to renew and transform us.
Each morning, when you go to the sunrise, think of nothing but renewing yourself. Leave everything else to one side, everything that is old and mouldy, so you can once and for all receive this new life and enter into communication with that great current coming from the heart of the universe. In springtime, the early morning rays send you all the energies and stimulus you need for the rest of the year. Don’t let them pass you by without benefiting from them. Open yourself to these rays and allow the forces of light, joy and resurrection to pass through you
Extracts from A New Earth – Volume 13
  
 Source: http://www.dovesnest.org/suryayogatheme.html

martes, 27 de enero de 2015

OM! EL AMOR EXPANDIDO POR TODO EL UNIVERSO por Omraam Aivanhov


EL AMOR EXPANDIDO POR TODO EL UNIVERSO
por Omraam Aivanhov

Si preguntáis a un hombre qué es lo que ama en una mujer, os responderá que su pecho, sus piernas, su boca, sus cabellos o sus ojos...

Sí, la naturaleza utiliza esas formas atrayentes, apetecibles, para un fin determinado; para evitar la desaparición de la especie humana, ha creado esas bonitas piernas yesos hermosos cabellos para incitar a los hombres y a las mujeres a poblar la tierra. Pero las formas sólo son la apariencia; y los enamorados no saben que, en realidad, lo que les atrae es algo misterioso que se encuentra más allá de las formas: una emanación, un fluido; y cuando desaparece esta emanación o este fluido, ya no se sienten atraídos. ¿Por qué a veces no son atraídos por las mujeres más bonitas y las mejor formadas? Se las admira, pero no se las busca, no se enamoran de ellas. Mientras que otras chicas que no son tan bellas ni están tan bien formadas, producen un efecto extraordinario.

Omraam Aivanhov 
Eso prueba que la atracción no depende únicamente de las formas, de la belleza, de la simetría del cuerpo, sino de otro elemento espiritual, mágico. Por eso, la gente dice que es un fenómeno inexplicable. En realidad es explicable, pero sólo para aquellos que saben. Pero entonces esta vibración, este fluido que os hace felices, que os da la plenitud, ¿sólo se le puede encontrar en un hombre o en una mujer? No, se le puede ir a buscar a la región de donde ha venido. Porque procede de otra parte, no es la persona la que lo ha elaborado, procede de una fuente, de un Creador que lo ha distribuido, y es una pena que la mayor parte del tiempo se le dé la espalda a esta fuente inmensa e inagotable, y se vaya a buscarlo en los hombres y en las mujeres, donde sólo se pueden encontrar algunas partículas del mismo.

Sí, es el amor lo que se busca, no es un hombre o una mujer. La prueba está en que un hombre abandona a su mujer (o una mujer a su marido), porque él ha encontrado el amor en otra parte, en otra mujer. No era pues la mujer lo que buscaba, sino el amor. Y si todavía no lo encuentra en esa mujer, irá a buscarlo en una tercera... en una cuarta... Es el amor lo que cuenta, y no la mujer o el hombre; de no ser así, no se separarían jamás.

El amor existe, en realidad, en todo el universo. Es un elemento, una energía que está distribuida en todo el cosmos y que los humanos pueden recibir a través de su piel, sus ojos, sus oídos, su cerebro ...

El amor está en todo, y es una planta la que me lo ha revelado, porque, ya os lo he dicho, yo me instruyo con las piedras, las plantas, los insectos, los pájaros ... Un día, en Niza, vi una planta que vivía suspendida en el aire; extraía el agua y el alimento de la atmósfera. La miré mucho tiempo, y me dijo: «Puesto que he conseguido encontrar el elemento que me es indispensable - mi amor - en el aire, ¿por qué introducirme en la tierra como lo hacen mis compañeras? He encontrado el secreto: extraigo todos los elementos para mi subsistencia del aire.» Entonces medité sobre esta planta y comprendí que los humanos también han sido formados para llegar a extraer el amor de la atmósfera y del sol.

Pero para eso deben aprender a desarrollar esos centros superiores que
en la India llaman chacras. El amor es una energía, un fluido, una quintaesencia que existe por todas partes en el universo: en los océanos, en los ríos, sobre las montañas, las rocas, la hierba, las flores, los árboles, la tierra y sobre todo, en el Sol. El amor es una energía cósmica de una abundancia y una diversidad inauditas. Dios, que es sumamente generoso, jamás dispuso que los hombres encontraran el amor sólo en ciertas partes del cuerpo humano. De no ser así, ¡qué avaricia por su parte! Dios es mucho más generoso, mucho más tolerante. Él ha distribuido el amor por toda la naturaleza. Los ignorantes, que sólo van a buscarlo en el hombre o en la mujer, no siempre lo encuentran, mientras que los Iniciados que van a buscado en el espacio, jamás se sienten privados del mismo. Pero desde hace millones de años, los humanos se han acostumbrado a considerar las cosas de otra forma, y ya no pueden creer que es posible vivir y amar sin enterrar sus raíces en el suelo.

Buscáis el amor, pero lo buscáis donde todo el mundo lo busca, en sitios conocidos, atávicos, que os parecen fantásticos, pero en los que aquél no se expresa plenamente. Ciertamente hay un poquitín, apenas algunas partículas, las cuales no son suficientes para alimentar y transformar verdaderamente a aquellos que querrían beber el océano entero. Así pues, los sedientos deben ir a buscado a otra parte.

¿Por qué esperamos encontrar a un hombre o a una mujer para sentir amor? De ahí nacen las limitaciones, las desgracias, las dificultades, la dependencia. Ni siquiera los verdaderos grandes Maestros pueden vivir sin amor, pero ellos lo buscan, lo encuentran y lo recogen en el espacio, y después lo distribuyen por todas partes alrededor de sí mismos. Continuamente están sumergidos en el amor: ellos respiran amor, comen amor, contemplan el amor, piensan sin cesar en el amor. Por ello no necesitan esperar a que la mujer se lo dé: ellos ya lo tienen, está ahí, les colma. ¡Es formidable! Entonces, ¿por qué buscarlo en otra parte? ¿Por qué destruir esas sensaciones de plenitud calentándose la cabeza?

Yo no estoy contra el amor sino todo lo contrario; únicamente digo que hay que aprender a encontrarlo por todas partes, porque el amor está en todas partes, como el rocío. ¿Qué es el rocío? Es agua evaporada contenida en la atmósfera que sólo se hace visible cuando se condensa por la mañana sobre las plantas. Sí, ahí lo tenéis, el rocío no es otra cosa que una especie de amor condensado... ¿Y los rayos del  sol? Una especie de amor proyectado...
¡En la naturaleza, todo es amor! La fuente, el verdadero origen del amor es Dios. Pero, ¿no hay algo más cercano a nosotros, una maravillosa imagen de la fuente divina? Sí, el sol, que también es una fuente inmensa y generosa.
Mirad, toda la creación se beneficia de su presencia, porque es él quien, con su amor, infunde la vida en las hierbas, las plantas, los árboles...
Los vegetales están continuamente expuestos a su luz y de ellos recibimos después la vida.

Por ello, el discípulo que desee conocer lo que es la verdadera vida, el verdadero amor divino, camina hacia la fuente, hacia el sol, y mirándolo, meditando, amándolo, haciéndolo penetrar más y más en sí mismo, como un fruto expuesto al sol, recoge esas partículas de vitalidad que después puede distribuir a los demás para vivificados, iluminados. En eso consiste el verdadero amor, y no solamente en abrazar a los hombres o a las mujeres y en acostarse con ellos.

De momento el sol no os dice nada, pero cuando hayáis derramado muchas lágrimas y os hayan desplumado, entonces comenzaréis, por fin, a buscar este amor del sol, porque él, al menos, no os hace sufrir, no os quita nada, al contrario, ¡él os da! Pero yo sé por qué los hombres y las mujeres no buscan el amor en el sol: se debe a que no se sufre junto a él, y ellos necesitan sufrir. ¡Sí! Así pues, para encontrar esos sufrimientos, van a buscar a hombres o a mujeres. Ahí, al menos, es seguro que encontrarán complicaciones y contrariedades. Mientras que con el sol, jamás... Excepto si no lleváis sombrero; entonces, sí, ¡protegeos de la insolación!

Ahora bien, no deduzcáis de todo lo dicho que yo condeno las relaciones sexuales. Mi papel es mucho más difícil de lo que podáis imaginar. Yo soy un instructor, un guía espiritual, y si expongo esta cuestión como lo hago, es para aquellos que son capaces de ir más lejos en la comprensión del amor. Pero los demás, por Dios, que hagan lo que puedan. Cuando veo a alguien que está construido como un mastodonte, no le digo que viva como un asceta; yo no soy un fanático. Sé que la cuestión del amor y de la sexualidad debe ser resuelta por cada uno según su naturaleza. Por lo tanto, a aquellos que tengan posibilidades de perfeccionarse, debo ayudarles, darles métodos, de lo contrario se extraviarán, lo cual sería una lástima. He visto muchas personas que buscaban algo sin saber exactamente qué, y como nadie era capaz de instruirles, terminaban por extraviarse. Pero aquellos que están casados tienen deberes, el marido para con la mujer y la mujer para con el marido. Yo siempre he dicho que
sobre esta cuestión de las relaciones sexuales, los matrimonios deberían
tornar decisiones juntos. Digo bien: no por separado, juntos.

Desgraciadamente, no siempre se hacen así las cosas. O es la mujer quien es desgraciada porque su marido decide bruscamente vivir como un asceta y la mira como una encarnación del Diablo, o es el marido el que sufre porque su mujer se hace la mosquita muerta. Es deseable que, aun casados, los hombres y las mujeres puedan espiritualizarse, sublimar su amor, pero con el consentimiento mutuo.

Para evitar malentendidos, repetiré que ante todo es necesario que los dos, marido y mujer, estén de acuerdo; y después deben caminar poco a poco sin abandonar bruscamente las relaciones, porque entonces enfermarían. Imaginad que alguien fuma cuatro paquetes de tabaco diariamente. Si deja bruscamente de fumar, va a sufrir terriblemente.
Pero si lo deja poco a poco, progresivamente, su organismo se adaptará, y un día podrá dejar de fumar completamente sin sufrir. Sí, en todo hay que saber cómo proceder.

Evidentemente, no soy tan inocente como para creer que lo que digo va dirigido a todo el mundo. Entre millones y millones de hombres, apenas hay dos o tres que estén preparados para comprender verdaderamente lo que es el amor y vivirlo. Esa es la realidad, la triste realidad. Pero eso no es una razón suficiente como para no instruir a esos dos o tres y lograr que se animen y adquieran confianza y fuerza, en lugar de dudar, vacilar, y volver atrás, uniéndose a la masa de todos aquellos que son débiles, primitivos y sensuales. Yo me veo obligado a hablar, no para todo el mundo, sino para los pocos que buscan nuevos caminos.